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Mensaje del Presidente de la Comisión

95 Día Internacional de las Migraciones (2009)

Ya no les llamo siervos, sino amigos
Construyamos una sociedad que defienda los derechos humanos y no una sociedad de control


 En medio del desastre económico mundial, surgido a partir de la crisis económica originada en Estados Unidos, doy gracias a Dios constatando cómo muchos miembros de nuestras iglesias, pasando por encima de divisiones de lengua y nacionalidad, han ayudado con todo interés, como a hermanos y hermanas, a tantas personas que habían perdido el trabajo y la vivienda. Además he oído que en los comités parroquiales se ha tratado y discutido cómo solucionar estos problemas de un modo constructivo.

 En Abril de este año el gobierno, alegando que no tenía presupuesto, retiró la ayuda básica a 130 personas con estatus de refugiado. Es el mismo gobierno que les prohíbe trabajar, con lo que no pueden procurarse alimentación, vivienda ni cuidados sanitarios. Se les está negando el derecho a la vida reconocido en el artículo 25 de la Constitución.

 Con la aportación económica y la cesión de sus casas por parte de muchos de nuestros fieles muchas personas necesitadas han podido recibir consuelo. A todos les agradezco su comprensión, ayuda y oraciones.

  En Enero de este año, siete Obispos estuvimos visitando el barrio Nishinari de Osaka. Un obrero se acercó a mí y me dijo: “A nosotros nos quedaban sólo dos opciones. Una era aceptar los contratos de un día, ir al lugar del trabajo, perder la salud por su dureza y morirnos. Otra era dejar de trabajar, quedarnos en la calle, e ir debilitándonos por el frío hasta morirnos. Pero ahora se nos ha robado hasta el poder elegir.”

 Las palabras de este trabajador pueden aplicarse igualmente tanto a los que tienen estatus de refugiado como a los trabajadores extranjeros. En estos grupos hay personas que han sido empujadas a situaciones de esclavitud o peores todavía.

  A pesar de estar en esta situación extrema desde el punto de vista humanitario, se habló como si de una broma cruel se tratara, de usar el presupuesto nacional para edificar un “Pabellón-Museo de los dibujos animados”. Y no sólo esto, a partir de Julio de este año, va ha introducirse una “Ley de Inmigración”y una “Ley de inscripción básica de residencia” por la que los extranjeros van a ser investigados hasta el fondo. Además de que las personas que no entren en los parámetros de las anteriores leyes no tendrán la más mínima seguridad.

  Los presupuestos del Estado, los programas políticos y las leyes, muestran qué tipo de país estamos construyendo. No creo ser la única persona que tiene serias dudas sobre el estilo del Japón actual que ignora los aspectos humanitarios y se exarceba en la investigación y control de los extranjeros.

  Nosotros deseamos una sociedad que no controle burocráticamente a los extranjeros sino que conviva con ellos, una sociedad que respete los derechos humanos fundamentales de todas las personas. En el año 2008 los Obispos del país publicamos un mensaje con el título “Demos gran importancia a los Derechos Humanos”. Jesús nos dice “Ya no les llamo siervos sino amigos”(Jn 15). Y nosotros queremos una sociedad donde los refugiados y extranjeros no sean esclavos ni siervos, sino amigos, hermanos y hermanas con los que, juntos, podamos vivir. Para construir una verdadera sociedad intercultural donde no se controle sino se respeten los Derechos Humanos necesitamos una “Ley de los derechos fundamentales de los extranjeros” y una “Ley fundamental de los residentes extranjeros” , leyes que respeten los derechos y que promuevan la convivencia entre todos. Deseo fervientemente que podamos hacer realidad una sociedad en la que todos superemos las diferencias de lengua y cultura y vivamos juntos y unidos.

  En el día de las Migraciones, recen en la eucaristía por los 300 millones de refugiados, inmigrantes y desplazados que hay en todo el mundo. Y también les pido que ayuden en concreto para resolver estos problemas.

 


27 de Septiembre de 2009
Comisión Católica de Japón para los emigrantes, refugiados y desplazados
Presidente, Daiji Tani





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